El 2017 se acaba. Parece mentira lo distinto que se ve todo cuando empieza el año y cuando termina, 12 meses después.

Hace un año, pensaba que este año, ya moribundo, iba a ser un gran año, de esos que marcan un antes y un después así, a lo grande. Pensaba que iba a darle un giro a mejor a mi vida laboral, el giro definitivo. Pensaba que a estas alturas y después de dos años de ser madre, habría mejorado en muchos aspectos que pretendía mejorar. Pensaba que hasta viviríamos en otro sitio a estas alturas. Y la lista continúa, pero me voy a quedar aquí porque “pa qué”.

¿Que por qué?

Porque ni mucho menos ha sido así.
Hace poco puse en Instagram una frase que me hizo pensar mucho y que traducido al cristiano coloquial vendría a ser algo así como: hay años que hacen preguntas y años que las responden. Para mí este ha sido claramente un año que me ha hecho preguntas. Muchas. De todo tipo. Me he devanado los sesos para buscar cada una de las respuestas. Sin duda el 2018 será un año de respuestas.

¿Y de propósitos?

Pues no. Hace años que dejé de escribir propósitos porque en alguien perfeccionista y exigente nivel dar asco como yo, es una tortura más que una motivación. Así que prefiero dejarme llevar y a final de año valorar lo que haya sucedido y dar gracias por lo conseguido, aprendido, vivido y sufrido.

El balance

De 2017, agradezco la buena salud que más o menos ha tenido toda la gente a la que quiero. Cada vez más, considero que eso es lo primero, lo más importante, el resto es más fácil de conseguir teniendo ese factor bajo control. Agradezco el amor recibido y la posibilidad de haber podido amar y haberlo hecho intensamente. Doy gracias por ver a mis hijos crecer, aprender, reír y poderles consolar cuando lloran, cuidar cuando me necesitan.

He aprendido muchísimas cosas este año.

A nivel personal, he aprendido a ser más paciente, a controlar mejor mis instintos malvados, como yo los llamo. También creo que soy más generosa, o más sincera en mi generosidad, dar sin esperar recibir nada a cambio, aunque luego siempre lo reciba en la forma que sea. He perfeccionado lo de no esperar nunca nada, sin expectativas, no hay decepción. Pero seguro que puedo mejorar más.

Creo que me conozco mejor y eso es algo que me facilita mucho la vida a la vez que intento que se la facilite a los que me rodean.

A nivel laboral ha sido un año muy raro y espero que haya cambios en este sentido en los próximos meses. Porque lo necesito pero ya. No soporto más esta situación intermedia en la que me encuentro.

Tengo muchas ganas y empiezo a ver cómo se dibuja el camino pero sigo sin verlo claro ante mí. Así que no me queda más que dar un paso tras otro y tras otro hasta que la niebla se disipe.

En resumen, 2017, te dejo marchar sin mucho rencor pero con la alegría de saber que ya terminas.

2018, te estoy esperando aquí, en mi casa, donde esta noche te celebraré y te recibiré con los brazos abiertos.

Un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. En unas horas.