Los premios y los castigos, y no, no hablo de niños

Se me da muy bien premiarme.
Por haber terminado una traducción en menos tiempo del que pensaba o porque ya he traducido bastante y digo: ¡basta por hoy! Me premio cuando he tenido un mal día para hacerlo mejor, me premio por muchas cosas.

Pero algo que descubrí hace unos días es que se me da MUCHO MEJOR castigarme. Soy durísima conmigo misma. Y me castigo con lo que más me duele, quitándome cosas que me hacen falta para estar bien, para mantener la cordura. Sí, llevo así toda la vida y me he dado cuenta ahora. Mejor a los 38 que a los 88, ¿no?

Hay dos cosas, además de traducir, que son lo que más me gusta hacer en esta vida. Si tuviera que hacer un top tres, de menos a más, siendo absolutamente sincera conmigo misma (y contigo, ya que estamos), diría traducir, leer y escribir.

Si hay algo que me apasiona de verdad, que quiero hacer a todas horas, algo que necesito como respirar y de lo que nunca me canso es, sin duda, escribir.

Parece fácil de decir, ¿verdad? Pues no

Llevo toda la vida diciendo “me gusta escribir”, así de pasada, como una afición entre mil, como me puede gustar cocinar, ir a un concierto o hablar por los codos. Pero no. No es eso.

Es como si me hubiera dado vergüenza, por eso de que siempre, desde pequeña, me han atosigado con lo de que “te vas a morir de hambre” y tal. No sé. Pero es así.

Y se acabó.

Escribir es lo más de lo más. No hay nada por encima. Darme cuenta de este detalle sin importancia ha trastocado un poco mi mundo en los últimos tiempos.

Tras este paréntesis, retomo

Los castigos, sí, no me olvido de que ese es el tema que nos ocupa.

Me castigo dando absoluta prioridad a cualquier cosa antes que a escribir: trabajo, falta del mismo, los niños, la casa, problemas x o z… lo que sea: como no he llegado a tal página de la tradu, no puedo escribir, estaría perdiendo el tiempo; con todo lo que hay por limpiar/recoger/whatever, no me voy a poner a escribir; si tengo diez minutos más para estar con los niños no me voy a ir a escribir un rato, seré una mala madre (que no una malamadre, you know what I mean)… y podría seguir, pero supongo que ya ves por dónde van los tiros.

Lo malo es que me sienta fatal a la cabeza todo esto. Me genera una ansiedad que hasta ahora no sabía de dónde venía, que me desequilibra, me pone de mal humor, me cabrea, vamos. Pero yo ahí, erre que erre.

Darme cuenta no ha hecho que deje de hacerlo, qué va, qué va. Pero ya tengo lo más importante, ahora lo sé. Me queda encontrar una solución, un camino, un equilibrio de fuerzas.

De momento, aquí queda por escrito que hoy me he saltado mi castigo a lo chica rebelde y aquí me tienes, después de unas semanas de silencio. Un silencio impuesto, no deseado. Yo no me callaría nunca.

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1 Comment

  1. Laura

    Hermosa! No dejes nunca de escribir. Te quiero!

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