La infertilidad y yo. Mi historia, por fin.

La infertilidad es una palabra que nunca esperas escuchar referida a ti, infértil es un adjetivo que nunca esperas aplicar a tu condición de mujer. Hasta que no te queda otra que asumirlo, interiorizarlo y aprender a vivir con ello unos días mejor que otros.

Hoy Laura, una buena amiga, ha anunciado al mundo un milagro que he sentido casi como mío y me ha emocionado hasta las lágrimas en más de una ocasión desde que conozco la noticia. Pero justamente ella más que nadie, sabe también cómo me siento yo ahora. Y puede que tú también, si eres parte de este club al que nadie quisiera pertenecer.

Necesito contarlo

Hay que partir de la base de que en mi caso el deseo de quedarme embarazada pasa sí o sí por un laboratorio y una clínica de fertilidad por el hecho de que mi pareja sea una mujer (a menos que se haga una inseminación casera, cosa que me genera ciertas dudas).  Eso quiere decir que le digo adiós a la posibilidad de engendrar un hijo donde me dé la gana y con la intimidad y la diversión del sexo.

Pero lo que no me esperaba es que con 33 años, un historial de salud perfecto, un millón de pruebas con resultados óptimos y aparentemente ningún problema es que no fuera a quedarme embarazada a la primera (ni a la segunda ni a la quinta) con una inseminación artificial medicada y controlada. Cada negativo fue un golpe que me dejó en el suelo, temblando, llorando, haciéndome sentir sola aunque no lo estuviera. El primero dije, bueno va. El segundo pensé, jo qué mala suerte. Cuando llevaba tres, cuatro, cinco y nada, empecé a sentirme una maldita inútil, a preguntarme por qué estoy tan mal hecha y a tener mucho miedo.

Pasé por quirófano dos veces por eso de comprobar que estaba todo en orden en mi útero, me quitaron un pólipo absurdo que no impedía nada pero oye, que no sea por eso. Y nos metimos de lleno en el mundo de las in vitro. Ahí vi el primer positivo… que acabó en aborto, así que también viví mis primeras contracciones para expulsar lo que se había generado en esas ocho semanas. Sentir que se va por el wáter, literalmente, tu esperanza de ser madre no es algo que una olvide así como así. Segunda transferencia, fallida. Tercera transferencia, otro embrión que se para, otro aborto. Caí muy hondo, a lo más profundo y oscuro.

Me despreciaba a mí misma, me sentía perdida y sola (a pesar de no estarlo en ningún momento, debo insistir en esto), incomprendida. Me sentía la mierda más grande de la creación. Te crees que exagero, seguro. Pero no.

Entonces te enteras de que tus dos mejores amigas están embarazadas. Justo en ese momento cuando tú acabas de perder toda esperanza. Los embarazos ajenos dolían siempre pero estos me destrozaron el alma y me hicieron sentir la peor persona del planeta por no poder alegrarme por ellas de una forma completamente sincera, de haber llorado de alegría y haber ido a celebrarlo. Al contrario, huía de cualquier encuentro con ellas. Dolía demasiado.

El final del camino

La infertilidad se lleva en silencio. La infertilidad es un maldito tabú que se vive en los hogares de puertas para adentro. No contarlo es mejor que informar de cada uno de los escollos, de cada uno de los fracasos. Yo nunca me he avergonzado pero hay personas que lo viven como una auténtica lacra.

Entonces me tocó asimilar muchas cosas. Preguntarme otras en serio. Llorar mucho, muchas veces. Tuve que plantearme si para mí era más importante ser madre o la genética, el famoso duelo genético me persigue desde entonces. Porque decidí que era más importante ser madre. Sigo pensándolo. Aunque no todos los días sean fáciles y haya cosas que duelan aquí y allí.

Marta fue muy generosa. Y muy paciente. Estaba ahí casi sin estar porque yo casi no le daba espacio. Pero siguió ahí. Cada una ha cedido algo muy importante para ella para conseguir algo mucho más grande que ella, que yo, que nuestros iniciales sueños dos años antes de aquello, cuando todo empezó. Nos decidimos por el método ROPA en el que ella actuó como donante de óvulos, que fueron fecundados y observados unos días. De ahí, dos embriones acabaron en mi útero, de donde no se movieron hasta nacer un 25 de noviembre.

Era mi última oportunidad, la última que yo le daba a mi cuerpo. Los astros se alinearon y lo conseguí. Mi cuerpo, al que tanto despreciaba, resultó ser un horno perfecto para mis hijos. Y se lo agradezco, tal vez no lo suficiente.

Hoy me he emocionado una vez más viendo los vídeos de Laura pero también he sentido la duda de “¿y si mi cuerpo ahora…?” y la tristeza de “yo nunca podré saber lo que es eso”. Y es que la infertilidad tiene una sombra alargada y negra, muy negra, que parece que no vaya a abandonarme nunca, nunca más.

 

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12 Comments

  1. Amparo

    Estoy ahí, a tu lado, suscribiendo palabras y sentimientos.
    Te abrazo fuerte y también a Laura, ella ha estado aquí y sabe lo que es.

  2. Bnk Mun

    Creo,desde mi punto de vista, que cada sueño, cada reto, cada intención de conseguir algo deseado, si no se realiza a la primera, se convierte en una lucha, que consta de muchas batallas de las cuales la más terrible es la interior, la cabeza machaca más que lo físico.

    Hay personas que lo intentan hasta el final y no lo consiguen, y tiene que ser muy traumático…

    En tu caso a día de hoy, si miras atrás, después de tanto perdido llegaste hasta el final, hasta gastar la última bala, hasta que lo conseguiste.

    Llámalo suerte, casualidad, destino, alineación de planetas… yo creo que estabas predestinada a ser mamá y tu perseverancia aunque mentalmente destrozada te llegó.

    No soy papá pero soy tío de una pequeñaja que también fue una última bala.

    Tus palabras tocan el corazón.

    Besetes!!

    • Qué bien lo has descrito, tienes toda la razón.
      Y qué bonito es pensar que estaba predestinada a ser mamá y lo he conseguido. Gracias.
      Un abrazo fuerte.

  3. Irya Devi

    Qué duro tiene que ser, pero qué escrito tan sincero, bonito y lleno de sentimiento. No sé porqué pero necesito darte las gracias por haberme dejado leer esto. Con tu permiso, lo comparto.

    • Gracias a ti por leerlo y por sentirlo. Por supuesto lo tienes, faltaría más. :*

  4. Lucia

    Querersd auno mismo con todo lo bueno e incluir todo lo malo es de lo mas complicado del universo…

  5. Montse, @cuxufletas

    Uffff, que contarte que no sepas ya de mi. Somos compañeras de ese extraño viaje llamado ” crueldad social”, somos las mujeres ” incubadora” para la sociedad. Pero tú bien sabes que marcaremos historia en nuestros hijos, ellos y sólo ellos sabrán poner nuestro nombre dónde nadie ni nada lo manche, su corazón ♥
    Amiga, somos supervivientes 😘

    • Me has emocionado y estoy aquí con la lagrimita.
      Siempre he sentido una conexión especial contigo, me encantas por muchos motivos. Te agradezco que hayas sacado un minuto para leerme y espero que sigas acompañándome siempre que puedas.
      Somos unas supervivientes, tienes razón <3

  6. Hay gente que lo ha intentado y no han conseguido su sueño, ahora mismo dos parejas amigas mías no lo consiguen y tiene toda la pinta de que no lo van a conseguir por diferentes temas, hay que disfrutar de la vida y estar feliz con los dos bichitos que ahora son lo más importante ! Fuerzaaaa

  7. Chus

    Que recuerdos al leerte, diría que la mayoría son malos, pero también la vida nos dio una gran lección, como alguien al que no conoces y vive tan lejos de ti, te puede acompañar de la manera en que lo hiciste en mi camino por la infertilidad. Yo llegue antes a la meta, y fuiste tan generosa conmigo… te juro q no respire hasta el día q te quedaste embarazada. Gracias Noe, aunq ahora no estemos tan cerca, siempre quedará tu huella imborrable

  8. Palabras que afloran desde el interior amiga…me quedo con una frase que me ha llegado y que me permito terminar…”la infertilidad es un maldito tabú que se vive de puertas para dentro y que sólo entendemos las que nos cogimos de la mano un dia y que sin vernos la cara nos conocemos mas que los que estan a nuestro lado a diario…Un abrazo familia

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