Echo de menos las conversaciones adultas

Sí, más claro el agua.
Conversaciones adultas son todas aquellas que no hablan de bebés, niños, crianza, maternidad y derivados.

La maternidad tiene esas cosas

Desde que soy madre, las conversaciones son a través del móvil o el ordenador, a través de las redes y las apps de mensajería instantánea. ¡Bendita era digital! No sé qué hubiera sido de mí sin todas estas ventanas al mundo por las que huir o a través de las que respirar, vomitar y observar.

Odio los grupos de WhatsApp con toda mi alma. Pero hay uno que es la excepción para mí. Tengo la enorme suerte de formar parte de un grupo de mujeres, madres de criaturas del mismo año que los míos (y nuevas incorporaciones), con las que compartimos alegrías, penas, cabreos, problemas, pero también risas, cotilleos y conversaciones locas de todo tipo. Son maravillosas, todas y cada una de ellas. Me dan la vida muchas veces y no sabría cómo darles las gracias. Están ahí siempre.

¡Vivan los audios!

En los últimos tiempos, todo lo que sea en audio es una bendición. Tengo conversaciones vía audio que hacen que la siempre fría pantalla sea algo más cálida y cercana y no dependa de emojis para interpretar (y no siempre con acierto) la entonación de las cosas que decimos. De paso, parece más una conversación real que tiene la ventaja de no esclavizarte en el tiempo cuando es justamente de lo que más careces.
De ahí mi pasión por los podcast desde hace tiempo, ya que son mis amigos, compañeros y herramientas de desconexión mientras hago otras cosas que requieren de mis ojos y manos.

La distancia ayuda a valorar lo que “has perdido”

Sí, lo pongo entre comillas porque no es una pérdida permanente, es temporal. Y siempre he sido consciente de ello pero dos años después, la cosa a veces se hace más cuesta arriba de lo que me gustaría. Siento que es algo que me hace falta de verdad y que me aporta muchas cosas que antes tenía.

El tener toda esa actividad 2.0 no quita que eche de menos el cara a cara, estar con alguien y vivir ese momento. Por eso, aprovecho cualquier oportunidad, la que sea que se presente, al máximo. El móvil deja de existir, la otra persona y lo que pase allí es lo más importante. Necesito el contacto: escuchar lo que alguien quiera decir, intercambiar opiniones. Necesito mirar a los ojos, interpretar gestos y sonrisas.

Al principio estaba eufórica con la maternidad, me rodeaba de otras madres y el tema salía (y sale) solo: mocos, cacas, sueño, tetas, biberones, pañales, técnicas varias… no tiene fin. Pero llega un momento en el que todo eso se relaja y he empezado a echar de menos hablar de libros, de música, de trabajo, de LO QUE SEA que no tenga que ver con lo que es mi día a día.

Y en la vida 1.0, ¿qué?

Ha quedado relegada a un segundo plano en el que no estaba acostumbrada a estar. Quedar con alguien es toda una proeza y más viviendo fuera de la ciudad. Añade a eso amigas con hijos, sin ellos pero con horarios de trabajo imposibles, con aficiones en las que ya no puedes participar… y suma y sigue.

Las circunstancias me arrastran a cambiar, a tener una vida en la que un plan deja de ser un buen plan si no lo es para mis hijos. Porque luego pagamos las consecuencias directas de que no lo sea. Una vida en el que la intimidad con un amigo o una amiga es algo que tienes que coordinar como si fuera la agenda de un jefe de estado. No hay espacio para la improvisación, ni para “otra cerveza”. A veces ni para la primera o para simplemente ir a cenar.

Así que en esa lucha ando. Lo de los cambios está genial pero reclamo mi espacio porque lo necesito, es vital. Me marchito si no lo tengo.
No soy de las que se deja arrastrar por la corriente, soy más un salmón, a contracorriente. Lo de quedarme sentada y dejar que todo pase no va conmigo. Conformarme no va conmigo. Porque hay cosas que no puedo cambiar pero otras… otras están a un deseo real de distancia.

 

 

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2 Comments

  1. Mercedes

    Todo hay que gestionarlo y todo sale adelante, tener hijos es un “conazo” para algunas cosas. Por otro lado es una pasada, tener estas maravillas y siempre, seran tuyas. Un besito preciosa

  2. Anna

    Yo estaba muy bien acostumbrada y ahora no es lo mismo, llevo 14 interminables meses sin salir de “fiesta” sin el enano colgando y tu ya sabes lo que supone eso para mi, vamos, que se me han caido las flores ya…en fin, nunca llueve eternamente…

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