Adoslescencia programada

No, no me he vuelto loca. O sí, quién sabe, porque de verdad que a veces creo que pierdo la cordura, la poca que sé que tengo.

Siento que pende de un hilo. Otras veces sé que la pierdo del todo y no me gusta en lo que llego a transformarme.

Yo sé que cada edad tiene lo suyo, vamos, no me cabe duda pero, con todos mis respetos hacia esas personas cojoneras maravillosas que siempre tienen un “esto no es nada, espera a que tengan X años” en la boca para animarme, ahora mismo el resto de edades me importan un pimiento, y eso siendo fina.

¡Llegaron los terribles dos años!

Bueno, de eso hace meses. Pero las fases están siendo distintas en cada uno, no sé si por ser niño y niña o por, además, ser personas total y completamente distintas, o por ambas.

La niña hace meses que hizo el “click”, el niño hace un par de semanas. Porque es así, repentino, de un día para otro y te pilla en bragas. Y yo que pensaba que al menos uno de ellos nos iba a dar un poco de tregua… ¡pobre ilusa!

El caso es que mis hijos están ahora mismo en esa etapa del “yoyoyoyoyo” y del “lloro porque no sé gritarte lo que siento ahora mismo” o del “mira lo que hago y ahora a ver qué haces tú al respecto”. Esto es abreviando, ya me entiendes. Si tienes o has tenido un hijo de esta edad, seguro que no necesitas que te diga más.

Y yo lo de “terribles” lo digo para que te sitúes pero más que terribles a mí se me antojan “intensos y agotadores”. A días, también te lo digo, lo de “terrible” se queda corto. Pero vamos, todos tenemos días malos, ellos no son una excepción y, aunque cuesta asimilarlo, soy consciente de ello.

Yo he venido a hablar de mi libro

O, lo que es lo mismo, que vengo a hablar de y no de ellos. Porque de blogs y revistas online y vídeos en youtube sobre esta etapa, están las redes llenas, no creo que pueda decir nada nuevo al respecto. Como mucho podría compartir la experiencia con dos niños a la vez, por si pudiera servirle a alguien, y tal vez lo haga, pero no ahora. No hoy.

Cultivar la paciencia es un arte que empezó con los tratamientos de fertilidad pero en comparación, esto es mucho más complicado. Porque al fin y al cabo antes era una lucha interna conmigo misma y la naturaleza (abreviando, claro), pero ahora es una lucha externa con dos seres humanos en miniatura que reclaman atención, comprensión, cariño, ayuda, cuidados, todo a la vez, los dos a la vez.

Mi mente entra en cortocircuito a veces, muchas veces. Porque cada uno tiene sus necesidades urgentes y quiere atención exclusiva, que mis ojos miren y mis oídos escuchen y mis manos acaricien solo a uno de ellos, y siempre es “yo”, obvio, y no su hermano o hermana. Intento dividirme, intento discernir qué necesidad es más imperiosa, cuando sé perfectamente que ambas lo son. Pero tengo que decidir, muchas veces tengo que elegir. Eso me parte el alma desde que nacieron pero ahora es too much. Duele. Y a ellos también. No es justo pero es.

Esto lo estamos solucionando con tiempo en exclusiva a diario para cada uno de ellos con una de nosotras. No importa tanto la cantidad como la calidad. Lo han aceptado de maravilla y yo lo disfruto mucho, la verdad. Pero es tan poquito… Soy inconformista por naturaleza, no sé si te habrás dado cuenta ya.

¿Agotada yo? ¡Que va!

Lo que más me agota psicológica y al final también físicamente de esta etapa es la negociación. Todo se negocia, se habla, se explica. Cuando tienen una pataleta crisis, me pongo a su altura, intento que me miren, atraer su atención. Si no hay éxito, que no suele haberlo, espero (paciencia power) y busco de nuevo contacto con su mirada, con su cerebro. Hasta que no oyes el click mental, hasta que no tienes su atención, no tienes nada que hacer. Pero de repente, ¡chas!, se obra la magia y pasa la tormenta. Tan rápido como llegó.

Lo malo es cuando la tormenta es un temporal con dos criaturas en plena pataleta crisis. Ahí la cordura suele pender de un hilo. Vamos que dan ganas de tirarse por el balcón.

También me da por pensar

Sí, me da por pensar en tiempos pasados (y no tanto) donde lo normal era criar con miedo (de un bofetón, un azote, gritos), castigos o con un “porque yo lo digo y punto”, o ambas. Donde los castigos solían ser normales y los chantajes estaban a la orden del día.

He hablado con otras madres y por suerte me he sentido menos sola porque casi todas reconocen que tienen que luchar contra ese “instinto histórico” de lo que han mamado, han visto, les sale por los mismos motivos que salen otras cosas (buenas también, ¿eh?). Sí, hay veces que tengo que reprimir las ganas de dar un azote, un toque, un lo que sea, una reacción física a sus actos. Muchas veces. En algunos casos me he visto al límite, tanto que me he dado miedo a mí misma. Y me he avergonzado. Aunque no sé si la culpa es toda mía en este caso.

Mea culpa

Casi siempre, mi reacción a esas situaciones tensas y complicadas va ligada a mi estado de ánimo. Si estoy desequilibrada por dentro, por fuera se nota y los que me rodean lo sufren de algún modo.
Desde que nacieron los niños no he conseguido recuperar el equilibrio interior del que tan orgullosa estaba. I’m such a mess! 

He descubierto, gracias a algunos consejos de la psicóloga de la escuela infantil de los niños, algunos trucos para desviar la tensión, recuperar el equilibrio, retomar las riendas de mi, a veces complicado, carácter cuando no estoy del todo bien. Y oye, funciona. Aunque necesito práctica. Por suerte, tengo oportunidades quiera o no cada día. MUCHAS.

Así que no todo es buaaah qué terribles e intensos son los dos años sino también cuenta lo mal o bien que los quieras o puedas llevar y las ganas que quieras echarle a aprender de ellos, de ti, sobre todo de ti. La adoslencencia programada también tienen cosas increíbles (de bonitas) y divertidas pero esas seguro que las tienes más vistas, y yo aquí, ya lo dije, vengo a desahogarme.

 

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Amparo

    Tú = √yo

    Hay días que desgastan mucho. Siento ser una madre de m… por levantar la voz. Es demasiado para mí estar en un 24×7 intensivo salvo huecos que me dan más trabajo y estrés por intentar hacer malabares entre el debo, quiero, tengo…

    Necesitamos equilibrio físico y mental… nos vamos de retiro? 😉

    Genial el texto, como siempre!

  2. Clara

    Así que al llegar a los dos la cosa sigue empeorando? Creo que voy a saltar por el balcón sin esperar más…

    Si no fuera por los ratos de risas que nos hacen recargar pilas ya estaríamos muertas la mitad (o más) de las madres.

    Pones por escrito lo que siento a diario. Tus post me hacen sentir menos loca, más normal.

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